Es domingo . Pasaron sesenta y tres días. Tengo en la cabeza el ruido constante de una heladera encendida. Durante las tardes la rutina, que aún sigue ahí, mirándome como si nada sucediera, me ayuda a solapar las vibraciones del sonido. Ayer fue de noche todo el día. Me serví una copa de vino antes de cenar y la torpeza la estrelló contra el piso. Junté los restos de vidrio y pasé un trapo para limpiar el enchastre, después encendí el ventilador para apurar aquello que no tenía ninguna urgencia. Pude percibirlo unos minutos después: la melodía ventosa se superpuso con mi cabeza y sentí que ya no estaba condenada a oír. A oírme. Hoy a la mañana, mientras tomaba café sentada en el balcón y la heladera encendida aumentaba en presencia, recordé un chiste que le hice a mi amiga cuando todo esto comenzó: el tapizado del sillón es gris topo, idéntico a uno de mis ...
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Paco
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Siempre conté los puchos hasta tu casa, Paco. Entraba uno solo en las cuatro cuadras que separaban tu edificio del mío pero yo me las arreglaba para meter dos apretaditos. A pesar de tener una amistad de más de cuatro años, cada vez que sabía que iba a verte me agarraba algo en la boca del estómago que se me subía al esófago y se me desparramaba hasta los hombros. No era lindo ¿Sabés? No era esa boludez de las mariposas, yo sentía que me descomponía, que me iba a desmayar. Me acuerdo que una noche me escribiste como a las doce, yo ya me había acostado. En el mensaje me preguntaste si estaba despierta. “Sí”, te respondí. Y fui a tu casa porque estabas intentando escribir y no podías. Cuando llegué vi un libro abierto y la lámpara dándole luz como si fuera un objeto de estudio. Lo cerraste, le diste dos golpecitos a la tapa y me miraste: “este tipo debería ser más conocido”. Te corrí los dedos para entender el título: “Los Ochoa” decía. Me costó leer el nombre del autor, fue e...
Los días sin el diego
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Este diario es un intento de entender qué pasa con las figuras populares cuando dejan de ser mortales. O tal vez es solo una persona que busca consuelo. 25 de enero 2021 Cuando murió el Diego fui al bosque. Entre a la cancha por la misma puerta por la que entraba cuando era chica e iba con mi papá a la platea. Pasee un poco antes de ir a la tribuna y se me ocurrió que sería muy lindo ir a tomar mates a la cancha cuando no hay partido. En la tribuna me senté en un costado para que nadie me vea pero yo verlos a todos. La gente caminaba lento. Paseaban. Miraban. Se encontraban y se abrazaban. Cada tanto se escuchaba alguna canción de cancha. Me largue a llorar con la impunidad que me daba el barbijo, cómo si me tapara los ojos. En un momento vi a un hombre intentando colgar un trapo. Llamó a su amiga para que lo ayude. Ella tenía una bandera como capa y se colgó al alambrado. Le saqué una foto porque me hizo acordar al primer personaje de cancha de quién me acuerdo. Digo personaje porque ...