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Mostrando entradas de febrero, 2021
Es domingo . Pasaron sesenta y tres  días. Tengo en la cabeza el ruido constante de  una heladera encendida. Durante las tardes la  rutina, que aún sigue ahí, mirándome como si  nada sucediera, me ayuda a solapar las  vibraciones del sonido.   Ayer fue de noche todo el día. Me  serví una copa de vino antes de cenar y la  torpeza la estrelló contra el piso. Junté los  restos de vidrio y pasé un trapo para limpiar el  enchastre, después encendí el ventilador para  apurar aquello que no tenía ninguna urgencia.  Pude percibirlo unos minutos después: la melodía ventosa se superpuso con mi  cabeza y sentí que ya no estaba condenada a  oír. A oírme.   Hoy a la mañana, mientras tomaba  café sentada en el balcón y la heladera  encendida aumentaba en presencia, recordé  un chiste que le hice a mi amiga cuando todo  esto comenzó: el tapizado del sillón es gris  topo, idéntico a uno de mis ...

Paco

Siempre conté los puchos hasta tu casa, Paco. Entraba uno solo en las cuatro cuadras que separaban tu edificio del mío pero yo me las arreglaba para meter dos apretaditos. A pesar de tener una amistad de más de cuatro años, cada vez que sabía que iba a verte me agarraba algo en la boca del estómago que se me subía al esófago y se me desparramaba hasta los hombros. No era lindo ¿Sabés?  No era esa boludez de las mariposas, yo sentía que me descomponía, que me iba a desmayar. Me acuerdo que una noche me escribiste como a las doce, yo ya me había acostado. En el mensaje me preguntaste si estaba despierta. “Sí”, te respondí. Y fui a tu casa porque estabas intentando escribir y no podías. Cuando llegué vi un libro abierto y la lámpara dándole luz  como si fuera un objeto de estudio. Lo cerraste, le diste dos golpecitos a la tapa y me miraste: “este tipo debería ser más conocido”. Te corrí los dedos para entender el título: “Los Ochoa” decía. Me costó leer el nombre del autor, fue e...

Los días sin el diego

Este diario es un intento de entender qué pasa con las figuras populares cuando dejan de ser mortales. O tal vez es solo una persona que busca consuelo. 25 de enero 2021 Cuando murió el Diego fui al bosque. Entre a la cancha por la misma puerta por la que entraba cuando era chica e iba con mi papá a la platea. Pasee un poco antes de ir a la tribuna y se me ocurrió que sería muy lindo ir a tomar mates a la cancha cuando no hay partido. En la tribuna me senté en un costado para que nadie me vea pero yo verlos a todos. La gente caminaba lento. Paseaban. Miraban. Se encontraban y se abrazaban. Cada tanto se escuchaba alguna canción de cancha. Me largue a llorar con la impunidad que me daba el barbijo, cómo si me tapara los ojos. En un momento vi a un hombre intentando colgar un trapo. Llamó a su amiga para que lo ayude. Ella tenía una bandera como capa y se colgó al alambrado. Le saqué una foto porque me hizo acordar al primer personaje de cancha de quién me acuerdo. Digo personaje porque ...